Trujillo está en medio de las rutas ancestrales, encrucijada de caminos importantes por donde se gastaron las herraduras de España, hombres y animales con mercancías y viandas, descanso y trato, punto de repuestos artesanales, feria y templo, todo defendido por un sistema de murallas que fueron mutando en los devenires.

Los libros de viajeros ponderaron su importancia y nos dejaron los argumentos del pasado reflejando el intenso bullir de sus mercados y ferias cuando las ciudades eran poco menos que un Estado. Hoy con el cambio de los tiempos el burgo se ha salido de las murallas y lo viejo ha quedado petrificado en ruinas restauradas, con un estar tranquilo que agrada al visitante por lo que se ha convertido en un importante centro turístico, resaltando su historia y monumentos con el soporte de una industria hostelera que suma a sus delicias naturales.