Desde el Berrocal

Esta ermita fue mandada construir por el obispo de Plasencia D. Fray Francisco de Santo Tomás Lasso de la Vega y Córdoba. Elevada entre diciembre de 1731 y agosto de 1732, junto al humilladero, en el berrocal, a la vera de la Cañada Real de Andalucía.
La ermita y su dotación fueron donadas a la “Ilustre y esclarecida Congregación de Sacerdotes y Ordenados in sacris”, fundada por él mismo e inicial prior.
Fue dotada con dos mil ducados de vellón invertidos en comprar ciertas fanegas de tierra de pan llevar en término del lugar de D. Benito.
Ordenó el señor Obispo Lasso que de renta se tomase perpetuamente cada año 120 reales vellón para las limosnas de tres Misas cantadas, las que se decían los días de San José, Santa Ana y el domingo festividad del Santísimo Rosario, con diáconos y subdiáconos, y cantaría un sochantre, con asistencia de doce Sacerdotes hermanos de la Ilustre y esclarecida Congregación. En el altar mayor estaban las imágenes de Santa Ana y San Joaquín.
La ermita la atendía un ermitaño, su hábito y zapatos eran dotados por las propias rentas, el cual desapareció en 1809 por la Invasión Francesa , destrozando la ermita, cuya puerta fue tapiada en 1810.

Santa Ana

Su precioso y bien conservado Libro de Fábrica (1772-1817) está depositado en el Archivo Parroquial de Santa María la Mayor. Por la ley desamortizadora de primero de mayo de 1855, decretadas por el ministro de Hacienda Pascual Madoz, la ermita y la pequeña finca aneja a la misma pasaron a ser bien estatal, compradas posteriormente por particulares. Su planta es de cruz latina, coronada por cúpula hemisférica, correspondiendo a los moldes post escurialenses o del barroco clasicista de la primera mitad del siglo XVII, que se alargaron en este caso hasta el primer tercio del siglo XVIII.

Pósito

Su molduraje interior también es clásico y severo, no obstante estuvo profusamente decorada con frescos barrocos, cuyos pocos restos, muy deteriorados, aparecen en los cercos de las ventanas laterales del crucero. Dos recoletas sacristías aún se aprecian a ambos lados del altar mayor.
Frente a la ermita, Lasso de la Vega fundó un pósito o silo de grano por la misma munificencia que le caracterizaba, cuyos muros maltratados aún perduran, rompiendo aquel dicho de que no es lo mismo predicar que dar trigo.

Escudos

Bellos blasones del benéfico prelado de Plasencia campean en las puertas de la ermita y del pósito. Fray Francisco de Santo Tomás Lasso de la Vega y Córdoba también mandaría ampliar y rematar la iglesia de la Encarnación de los dominicos y concluir la cabecera de la iglesia de San Francisco.