El 27 de Junio de 1949 don Juan Tena Fernández recibe una carta del Dr. Eng.º A. Varela Cid, residente en la Plaza de la Alegría 22 (Lisboa) preguntando por una ermita o capilla de San Miguel en Trujillo y que fue construida en el siglo XII por los reyes de Portugal ¿?. Es muy lógico y ello demuestra la estancia en Trujillo de las tropas de Gerardo Sempavor entre 1165 y 1169 que tiene que entregar Trujillo y su tierra a Fernando Rodríguez de Castro.
Entre los portugueses que se quedaran en Trujillo destacamos a los Bejarano que iban con Gerardo y el apellido les viene de la conquista de Beja. Los documentos del Dr. Varela Cid dicen que la ermita dedicada al arcángel San Miguel estaba a extramuros en uno de sus arrabales y a ella viajó frecuentemente la Corte Lusitana.
En 1466, paralelo a los dominicos de la Encarnación, se convierte la ermita en iglesia de las terciarias dominicas. María Alonso de Hinojosa y su nuera Francisca Suárez al no tener descendencia convirtieron su casa en beaterio que será adonde se enclaustren las hembras más humildes de la familia Hinojosa.
La reina Isabel de Castilla protegió el convento que personalmente ordeno edificar y donde se integrarían las beatas de Santa Isabel procedentes de la antigua sinagoga junto a la Plaza que les habían dado después de la expulsión judía de 1492, por ello las beatas de San Miguel también lo son de Santa Isabel.
Pronto dejaron de ser beatas para que la Santa Sede por medio del cardenal Cisneros les conceda pasar a ser monasterio de la Primera Regla con los votos de obediencia, pobreza y castidad viviendo rigurosa clausura.
En 1809 ante la invasión napoleónica se refugiaron en una casa particular hasta 1814 que expulsaron a los franceses de España. Repararon su convento vendiendo algunas casas que tenían en la calle Tintoreros retornando a su clausura donde vivieron hasta la exclaustración de 1836 que fueron suprimidas por Orden Ministerial.
Marcharon al convento de la Encarnación de Plasencia hasta que Isabel II el 4 de septiembre de 1850 les autorizara a regresar a su monasterio trujillano.
Llegaron el 11 de diciembre de 1850, a las dos de la Tarde, cinco supervivientes y dos de Orellana la Vieja cuyo convento fue totalmente destruido. Fueron recibidas en olor de multitudes y la iglesia reparada por subscripción popular. Fue nombrada priora la reverenda Madre Basilisa del Santísimo Rosario Díaz Garzón.
Ciento cincuenta y nueve años después seguimos oyendo los toques campaniles a sus rezos y cantos gregorianos como si el tiempo no existiera. Dios nos las conserve. |