El inquisidor Gabriel Pizarro de Hinojosa fue un trujillano que al fin de sus días decidió preparar su entrada en el Paraíso mandando construir esta iglesia pocos días antes de su muerte, en 1625, para uso y coro de los ochenta clérigos presbíteros del Cabildo de Capellanes a cambio de que le enterrasen en la peana del Altar mayor y dedicándole a perpetuidad cuatro misas cantadas y doce rezadas cada semana, todas con sus correspondientes responsos. Mendizábal acabó con el Cabildo y últimamente fue local para distintos movimientos sociales de la Iglesia con una pequeña taberna que atendía ancianos, jóvenes y últimamente hasta turistas pues el local conocido como El Sotana sorprendía por su variopintez. Ha sido cerrado totalmente y sus clientes cambiaron al nuevo Sotana en la calle Ballesteros que ahora se llama Sonata. Quién le iba a decir al Inquisidor que su iglesia se convertiría en taberna.