| Los jóvenes nos vestíamos de domingo con un pañuelo rojo al cuello, solíamos ir a la misa de diez y media en San Martín donde ya controlábamos a las chicas que se vestían de pastora y después de misa empezábamos a bailar en corros cantando un repertorio riguroso en el orden de las distintas canciones, cada corro tenía el repertorio en marcha desfasado de los demás pero había una armonía increíble, cuando los mayores salían de misa de doce la Plaza estaba a tope de corros en danza y muchísimos colores de las bellas trujillanas con sus enaguas, pañuelos, refajos, faldiqueras, polleras y amor. |