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Primera Clave
GENESIS
Por Alfonso Naharro i Riera
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Efluvios de un pasado posible
a leyenda nos cuenta la entrada en la Península de los pueblos del Sur, tal vez vinieran del Sahara empujados por la gran desertización. Estas gentes que conocían las islas Canarias llegaron seis mil años antes de Jesucristo iniciando lo que sería el gran imperio de Tartesos cuya lengua dejaron en la Península, la Ibérica, que evoluciona al euskera y castellano como por otro lado lo hizo al beréber y al guanche. Un ejemplo lo tenemos hoy en Marruecos, en el dialecto beréber de Xauen, cuando después de lavarte las manos con jabón te queda su olor y dicen que no es conveniente liarse un cigarrillo de hachís pues tus manos tienen "siqui" (están sucias) y te daría dolor de cabeza: en euskera sucio es "zikin"... En Extremadura nos queda del Íbero la palabra zahurda, casa del cerdo, urde en euskera es cerdo, en portugués curtello (urte, urde, cerdo) y muchos más...
Actualmente se han conseguido traducir algunas inscripciones ibéricas a partir del euskera, textos donde se emplea un verso con gran riqueza literaria; en la península hay tres alfabetos ibéricos totalmente emparentados que son el reflejo de una fuerte cultura aquella de la que nos hablara Platón en sus Diálogos: La Atlántida. Cerca de Trujillo en el castro de Almoroquí encontramos una inscripción tartésica junto a una estela antropomórfica.
Platón escribe como las cinco parejas de gemelos que Poseidón tuviera en Atlantis con la bella Kleitos serían las diez cabezas de los diez reinos de la Atlántida cuyo poder se extendía por Libia (África), Europa y los océanos, enfrentándose al final con los griegos. Sucumbieron en un gran cataclismo que les provocaran los dioses al no cumplir las leyes que les había dejado Poseidón escritas y que cada año juraban cumplir en la gran romería que hacían a la ciudad de Atlantis (origen de Tartesos, Huelva) después de encerrarse los diez reyes con diez toros bravos en el gran palacio de la madre Kleitos y abatirlos con las manos, sin hierros, bebiendo la sangre de los astados en cráteras de oro.
La Oda Marítima de Avieno, Estrabón y otros viajeros nos han dejado constancia de este gran imperio en la ruta del estaño para con el cobre del río Tinto hacer instrumentos de bronce; sus reflejos pasaron los Pirineos y las islas Británicas desarrollándose principalmente en Andalucía, Extremadura y Portugal. Esta cultura atlántica construía monumentos funerarios con grandes megalitos y conocían la falsa cúpula que colocaban al final de grandes corredores de trilitos. El diseño lo veremos continuamente y a diversos tamaños en los enterramientos de la Edad del Bronce donde colocaban las cistas de incineración.
Con la llegada del primer milenio antes de Cristo esta cultura fue absorbida por los púnicos que controlaron las viejas factorías tartésicas, llegaron celtas del Norte y gentes de Oriente, a mercadear con las tribus ibéricas unos, otros les disputaron terrenos... tardaron siglos en asentarse los posos de la piel de toro, más ibérica que celta y con otros componentes cuyo adobo serán nuestros ancestros.
Los Fenicios conocían un alfabeto silábico muy parecido al ibérico y siempre se dijo que este se inspiró en aquel, sin embargo en Monfragüe tenemos una inscripción tartésica pintada junto a dibujos esquemáticos de ciervos y cazadores que pueden datar del Calcolítico (hace unos cuatro mil años), mucho antes de que aparecieran los Fenicios por la Península Ibérica. Una pintura en el abrigo rupestre nos presenta la estructura de la tribu, la pirámide se sustenta por la familia en su base, vemos al padre, la madre y los hijos; en la cúspide está el Jefe. Bien pudieran ser nuestros silábicos anteriores a los púnicos o que estos procedieran de un lateral migratorio al este de África, llegando vía Egipto al otro lado del mar Rojo, primos hermanos de los que entraron por Gibraltar hace ocho mil años, los que generaran las grandes culturas de Oriente Medio, desde el Nilo a Mesopotamia y hasta la misma Grecia. Una construcción común que nos ha quedado fue la edificación circular en falsa cúpula que nosotros llamamos zahurdón usándolos de vivienda y en otras partes como grandes sepulturas tumuladas que encontramos desde la provincia de Cáceres a Grecia pasando por Antequera.
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| El Berrocal
Lo que rodea la ciudad es un gran batolito plutónico, El Berrocal:
SI FUERES A TRUILLO
POR DONDE ENTRARES
HALLARÁS UNA LEGUA
DE BERROCALES.
Está lleno de asentamientos humanos que podemos situar en la Edad del Bronce con tradiciones megalíticas pero es junto a La Alberca, con sus tres fuentes emanantes, donde se asientan los primeros individuos; las cualidades curativas y su excelente potabilidad la convierten en taberna hospital, un primer paso al templo cuando se organice la urbe.
Por ello la iglesia pegada a La Alberca (Vera Cruz) es la que guarda los restos cristianos más antiguos de la ciudad y entre otros, un sarcófago antropomórfico tallado en un bloque de granito que hace de entrada nos marcan la existencia de una necrópolis paleocristiana sobre otra anterior pagana de donde han salido por lo menos dos estelas, una en la plaza del cementerio en memoria de MAILO HIJO DE ARQVI MUERTO A LOS XX AÑOS... y otra que salió detrás de la torre de la Vera Cruz haciendo el alcantarillado, un tal MUMIO.
En la Cerca de los Toros, la Molineta, el Praillo, cueva del Fraile... podríamos hacer un plano del Berrocal y veríamos que donde hay una fuente vivió la gente. Donde el Praillo hay en la Cueva Larga un grupo esquemático de pinturas, el mismo abrigo formado por la Naturaleza y adaptado por el hombre debió ser un enorme dolmen natural convertido en mausoleo troglodita; frente a la entrada notamos restos de otro monumento funerario arruinado y vereda adelante hasta alcanzar la solana de la machorra siguiente está el poblado con un ara de sacrificios presidiendo una gran explanada.
En La Molineta los gigantescos canchos redondeados por la erosión tienen la marca del "cincel" primitivo que lo escalonó facilitando el acceso al vigilante o iluminado clamando a las Fuerzas Cósmicas. Entre los recovecos aparecen puntas de flecha y diversos artilugios de sílex y cuarzo claramente tallados por las manos antiguas del antepasado turgaliense.
La Cerca de los Toros tiene un altar impresionante desde donde se dirigían al pueblo los notables del momento, están las tribunas perfectamente talladas en una gran roca sobre cuya cúspide se sacrificaba a las divinidades. Las viviendas son como las del Praillo, con dos enormes jambas para sujetar el dintel de sus puertas, las plantas eran variadas predominando las formas circulares, con corrales familiares; majadas que a lo largo de los Tiempos poco evolucionaron siendo paralelas a la cultura de los zahurdones en falsa cúpula que hasta hace nada seguían construyendo nuestros padres.
El zahurdón de las Ánimas está asilvestrado en medio del camino a la Sierra de los Lagares, entre la Molineta y el Molino de Viento; personalmente lo he conocido con gallinas, ovejas y cerdos que atendía una familia ubicada en el zahurdón, con la lumbre en medio y los camastros al rededor.
Entre Madroñera y Torrecillas de la Tiesa el camino pasa al lado de una pequeña elevación donde se nota el castro circular de Almoroquí en medio del cual encontramos una inscripción tartésica y una estela antropomórfica que recogimos en el museo provincial de las Veletas en Cáceres.
Otro asentamiento estratégico de origen prehistórico está al lado de la Cañada Real a su paso por La Costera y bajo la cota 500... estuvo amurallado en el medievo.
En la finca del Carneril Encontré dos estelas de la Edad del Bronce final, una de guerrero y otra antropomórfica que entregamos al Museo Provincial.
En el río Almonte hay una serie de castros prehistóricos muy interesantes. En la confluencia del Tozo está el Azuquén de la Villeta que sucumbe con la Edad Media; río Monte arriba siguen el de la Burra, el Pardal, Torrecillas, la Coraja... y más. En la Villeta y en la Coraja nos dejaron grabadas sus cosas en la pura roca.
La sierra de Santa Cruz es todo un gran yacimiento arqueológico posneolítico que muere con la Edad Media y donde tenemos claramente la información a flor de piel y en sus arrugas: merece capítulo aparte. Igualmente ocurre en las sierras de Robledillo, Plasenzuela y Botija...
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La Ciudad
Ahí la tenéis, a los pies de la Fuerza y del Tesón. Sus bascas fueron, fenicias, tartésicas, púnicas, romanas, visigodas y moras antes de cristianarse definitivamente; su ley la partida, su realidad la vuelta y su cordura una Salve a la fenicia a la diosa de la Guerra, la Bellona Oriental de las legiones, la Virgen de piedra victoriosa entre moros y cuidando a sus freyres cistercienses que para ello le dedicaron un templo arquetípico y solar de propia transcendencia
Las cancheras graníticas que rodean el Cerro do se asienta Trujillo sirvieron de vivac a los primeros cazadores que osaron pisar estos andurriales feraces, cubil de felinos, lobos, osos y otras especies más nutritivas e inofensivas que permitían la vida entre tan peligrosa competencia.
Se alza en la solana de un monte y sobre una cabeza de zorro que colocaron los fenicios para edificarla, en las rutas antiguas y visitada por ejércitos, trovadores, comerciantes, santones y ganaderos... circuló el oro y la plata en las bolsas de tanto viajero perdido por su encrucijada o borracho de aventura ibérica.
El Zorro es nombre definitorio de sus gentes: astutas, mercantiles, religiosas y militares; pero antes que nada fueron cazadores y pastores ceñidos al berrocal que rodea un epicentro pétreo, donde el agua fue principio de toda la vida desarrollada a lo largo de historias increíbles. Hoy podemos decir que es un territorio con argumento y lo prueba tu presencia viajera delante de este artefacto virtualizador de sueños y clarificador de la urbe que tienes ante tus narices.
Un río subterráneo atraviesa el Cerro de Sudeste a Noroeste conteniéndose en un rico acuífero que hace manar el agua artesiana a gran altura, en el pozo del Castillo, en el Aljibe Altamirano, en La Alberca o en la casa del Inglés; todo ello permite la habitación intramuros aguantando asedios. Sus primeros vivientes dieron gracias a los dioses por tal comodidad levantando el Templo arquetípico e invariable; como defensa y vigilancia elevan la Torre, para lanzar lejos su mirada, que rodearán con tres recintos murados en tiempos galo-ibéricos, pues aquellos dieron nombre: Tur-Galium... acabando como más de media España en celtibérica lucha frente a Roma con Púnico, Cauceno o Viriato, héroes del indigenismo unificado y al final domesticados por el progreso del nuevo imperio que está naciendo alrededor de la idea romana. Augusto integra Turgalium en la nueva capital de Lusitania como prefectura...
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Origenes de nuestra territorialidad
Las primeras manifestaciones de lusitanos contra los romanos en Hispania son protagonizadas por estos pueblos en el siglo II antes de Cristo, entre los años 155 y 153, son capitaneadas por Púnico que saqueando los territorios aliados a Roma y poniendo en fuga a los generales Manilio y Calpurnio Pisón mataron seis mil romanos, entre ellos al cuestor Terencio Varrón; llegaron hasta el Océano y ayudados por los vettones sitiaron a los Blastofénicos, un pueblo Norafricano aliado de Cartago.
A Púnico le sucede Cesáreo que inicia sus correrías contra Mummio, general recién llegado de Roma y al que mata nueve mil legionarios, tomaron sus armas e insignias que exhibieron por toda España en plan de mofa. La crónica añade que también los lusitanos que habitaban más allá del Tajo se levantaron contra los romanos a las ordenes de Cauceno y atacaron a los Cuneos, amigos de Roma, tomando su principal ciudad, Conistorgis (en el Algarve). Llegaron hasta las Columnas de Hércules y pasaron el Estrecho poniendo sitio a la ciudad de Ocila (Arcila). Mummio los aniquiló repartiendo el botín de los lusitanos entre sus legiones y quemando el resto en honor a los dioses de la guerra. Apiano, Iberos, 56-57 (p. 96).
Sobre la campaña del 153 antes de Cristo dice Diodoro (31, 42, p. 99): "Llama también a los iberos, lusitanos. Pues dice que Memmio fue enviado a España como pretor con un ejercito, pero los lusitanos, girándose contra él y tomándole desprevenido y acabado de desembarcar, le vencieron en una batalla y le destruyeron la mayor parte del ejercito. Divulgado este éxito de los iberos, lo arévacos, considerándose muy superiores a los iberos, despreciaron a sus enemigos, y la multitud reunida en pública asamblea decidió por esta causa hacer la guerra a los romanos".
Al año siguiente Mummio regresó a Roma recibido en triunfo sucediéndole Marco Atilio que atacó a los lusitanos matándoles setecientos hombres y destruyendo su capital Oxtracas. Todo el vecindario se sometió a los romanos entre los que habían algunos vettones, vecinos de los lusitanos. El pretor M. Atilio después de someter Nercóbriga estableció sus campamentos de invierno en Córdoba, lo que rápidamente fue aprovechado por lusitanos y vettones para romper la paz.
Si a todo lo dicho se añade la guerra de Viriato veremos que verdaderamente las pretensiones de los pueblos lusitanos eran que se les reconociese su demarcación con sus derechos de mercado y pasto en los pueblos vecinos, tal y como hasta la llegada de los romanos se venía realizando; por ello las bandas lusitanas atacaban a los pueblos que traicionaban la Lusitanidad pactando con el enemigo. Viriato tenía la idea de una patria lusitana en la que entraban los pueblos mesetarios en barrido hasta el Atlántico entre el Guadiana y el Duero final, a partir de los vacceos y arévacos que no eran de la mancomunidad lusitana.
En el 140 antes de Cristo el Senado Romano por medio de su pretor Fabio Máximo Serviliano aceptó oficialmente que las tierras ocupadas por Viriato eran territorio Lusitano y a este como rey de Lusitania: "... Por él se declaraba amigo de Viriato (el Senado romano), y se reconocía la posesión de las tierras ocupadas por su gente".
Entre los pueblos Lusitanos, que también los hay "mas allá del Tajo", estaban los Vettones luchando contra Roma y sus aliados. Plinio cita 19 ciudades vettonas: Augustobrigenses, Ammienses, Aranditani, Arabricenses, Baldenses, Caesarobricenses, Caparenses, Caurenses, Colarni, Concordienses, Elbocarij, Interannienses, Medobrigenses, Ocelenses, Turduli, Tapori, Cibilitani, Lancienses y Mirobrigenses)...
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Extremadura como tal
Hay quien distingue en la palabra Extremadura dos conceptos: geográfico y administrativo, niega que su etimología venga de "extremos del Duero" y que dicho nombre no se aplica en León antes de 1157 y fue solo a la ladera Norte de la Sierra, el resto sería Trasierra y no se le dio el nombre de Extremadura hasta el siglo XIII, en 1230. Veremos como esto no fue así: En 1068 aparece por primera vez el nombre de Extremadura en un documento que cita Martínez Díaz que sitúa a Francinosa "in Extremadura".
Se relata la caída de Coria en 1110 "Per idem tempus a malis hominibus qui dicebantur se esse christianos et non erant. Tradita est sarracenis Cauria, et acceperunt in Extrematura aliud castellum quod dicitur Alvalat, et munierunt Cauriam et Alvalat (en el río Tajo) magna multitudine militum et peditum qui quotidie debellabant totam Extrematuranm usque ad flumen Dorium". (Chronica Adefonsi Imperatoris). Llegaba hasta el río Duero y en ella estaba incluida toda la Trasierra, al otro lado del río Tajo estaba la Extremadura a conquistar.
Pelayo de Oviedo, muerto en 1129, escribe de Alfonso VI: "Populavit etiam totam Extremaduram, Castela et civitatem Salmanticam, Abulam, Cocam, Arevalo..." En este documento parece que Salamanca no era de Extremadura.
En 1179 Fernando II en la carta de donación de Almenarella (Gata) a D. Armengol de Urgel, firma como "...Regnate Legione, Castella, Asturiis et Strematura". Hay otra también de Fernando II concediendo a Compostela la Atalaya de Pelayo Vellido en el obispado de Coria... ...Era MCCXXI.- Regnante Rege domino Fernando Legione, Galletia, Asturiis, Strematura". Y en la confirmación de este documento por Alfonso IX en 1188 también firma como rey de Extremadura. En 1199 Alfonso IX da a la Orden de Santiago el castillo de Palomero y en el documento está entre los firmantes: "Rodrigo Petri tenent Strematuram"...
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